martes, 28 de diciembre de 2010

Dos más dos son cinco

Dos más dos son cinco, nos pongamos como nos pongamos. Y si no, que se lo digan al obispo de Alcalá y presidente de la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Reig Pla. Según Reig, "[...] los matrimonios canónicamente constituidos son menos dados a la violencia doméstica que aquellos que son parejas de hecho, las parejas de personas que viven inestablemente y que es donde más se está generando la violencia contra la mujer". Olé. Y no se quedó ahí la cosa, pues arremetió contra otras "lacras" que, a su eminente juicio, hacen de España "una sociedad postrada", tales como el divorcio, los distintos modelos de familia o el aborto.

Ese contrapuesto al "matrimonio canónicamente constituido", es decir, las personas que "viven inestablemente" (léase sin prestar la menor atención a sus diatribas cotidianas) deben ser el perfecto caldo de cultivo para practicar violencia de género, a juicio del obispo. Cierto es que uno de los factores posibles de la violencia doméstica es la desestructuración familiar, pero a eso no se refiere Monseñor, no, sus palabras son un ataque directo a una sociedad plural y diversa cada vez más alejada de su concepción de la familia. Y digo "concepción" y no "modelo", porque parece que el matrimonio y la familia misma son patrimonio exclusivo suyo, lo que obviamente y bajo un mínimo criterio histórico, social y de un uso lógico de la razón no es así. No habló el obispo de misoginia, de la concepción de la vida en pareja en términos de propiedad, ni siquiera habló de que "los trapos sucios quedan en casa", aspectos todos ellos de los que la Iglesia sabe mucho y a los que ha contribuido decisivamente en su larga proyección histórica de dominio social; y, ojo, llamándolo "amor".

El Sr. Reig no se quedó ahi, y arremetió también contra el aborto, defendiendo la obligación para la Iglesia de "salir en defensa de las madres y del derecho a la maternidad" (como si este derecho fuera negado), así como de "desvelar todo lo que oculta la "industria del aborto" (y de "industria" esta gente sabe mucho, pero mucho, mucho).

En fin, un batido dialéctico dirigido, como casi siempre en la "divina" institución, a confunfir y a tergiversar todo aquello que haga sombra de su discurso "moralista", que no es otra cosa que un discurso de poder, trasfondo de todo esto, y es que los de la sotana ven cómo, según pasa el tiempo, su peso relativo en las conciencias, actitudes y acciones de los ciudadanos, fundamento de aquél, es cada vez menor. Y ello, pese a que en este país siguen gozando de prebendas y privilegios cuasifeudales, no acordes con los tiempos ni con los principios más básicos de una sociedad mínimamente democrática, y en donde muchos ciudadanos seguimos atónitos ante la genuflexión de nuestra clase política ante esta gente que cada vez representa a menos personas, y que insisten machaconamente en tener un papel en lo público que no les corresponde.